Para no perder la costumbre Mel j*de y j*de con el regreso JOH

TEGUCIGALPA, HONDURAS. – El regreso de Juan Orlando Hernández a Honduras abrió nuevamente una vieja batalla política con Manuel “Mel” Zelaya, quien aseguró que no le teme ni a su presencia ni a enfrentarlo políticamente; sin embargo, el choque adquiere un tono especialmente incómodo porque Hernández regresó tras recibir un indulto en Estados Unidos por una condena por narcotráfico, mientras el entorno de Zelaya quedó golpeado por el narcovideo protagonizado por su hermano Carlos Zelaya, aunque Manuel Zelaya ha negado haber recibido dinero del narcotráfico.
Zelaya sostuvo que el indulto concedido a Hernández no borró los hechos por los que fue condenado, y afirmó que será el pueblo hondureño el que finalmente valore su trayectoria y determine si vuelve a tener espacio en la política nacional.
Pero su discurso también deja una pregunta inevitable: ¿quién puede presentarse como juez moral del otro en una política donde ambos sectores han cargado con graves controversias?
El caso de Hernández es judicialmente distinto: fue condenado en Estados Unidos a 45 años de prisión por narcotráfico, condena que quedó anulada tras el indulto de Donald Trump. Ahora, ya de regreso en Honduras, enfrenta además un proceso por fraude y lavado de activos.
En el otro extremo está el llamado narcovideo, divulgado en 2024, en el que apareció Carlos Zelaya, hermano de Mel, reunido con personas vinculadas al narcotráfico y hablando sobre aportes para campañas políticas. Carlos Zelaya reconoció la reunión, pero negó conocer inicialmente que se trataba de narcotraficantes y también negó que su hermano hubiera autorizado o recibido esos recursos, sin embargo, la popular frase «la mitad para el comandante» lo implica indirectamente. Manuel Zelaya, por su parte, ha rechazado haber recibido dinero proveniente del narcotráfico.
La diferencia resulta fundamental: Hernández sí fue condenado por una corte estadounidense, mientras que en el caso de Zelaya no existe una condena por narcotráfico derivada del narcovideo. Pero políticamente, el episodio dejó una enorme mancha sobre su entorno y alimentó las acusaciones cruzadas entre los dos principales bloques políticos del país.
Ahora, con Hernández nuevamente en territorio hondureño, el escenario podría calentarse. Zelaya lo desafía políticamente; Hernández vuelve con un pasado judicial que difícilmente desaparecerá del debate público.
Y en medio queda una pregunta que puede convertirse en combustible para la próxima batalla política: ¿será una confrontación entre dos proyectos de país o una nueva guerra de acusaciones en la que cada bando intentará utilizar el pasado del otro como arma?








