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Jueves Santo trágico: Seis víctimas de ahogamiento

Tegucigalpa. Hasta las últimas horas del Jueves Santo, los cuerpos de socorro reportaron al menos seis fallecidos en diferentes regiones del país, la mayoría por sumersión, en medio de las celebraciones de la Semana Santa 2026.

Los datos oficiales revelan un patrón preocupante: de las víctimas, varias permanecen sin identificar, y uno de los cuerpos fue hallado en estado de descomposición, lo que evidencia no solo la gravedad de los hechos, sino también posibles retrasos en los mecanismos de búsqueda y respuesta.

Entre los casos reportados, en el sector de Las Flores, Virginia (Lempira), se confirmó la muerte de un hombre originario de San Andrés. Asimismo, en la comunidad El Tablón de Gracias, también en Lempira, perdió la vida por sumersión Abelino Chávez Pérez en la poza conocida como Las Maromas, un sitio que, como muchos otros en el país, carece de medidas de seguridad adecuadas.

La situación se agrava en Jesús de Otoro, Intibucá, donde continúa la búsqueda de un hombre desaparecido en el río Grande, quien presuntamente se encontraba en estado de ebriedad, un factor recurrente en este tipo de tragedias. Hasta el cierre de este reporte, su cuerpo no había sido recuperado.

En el norte del país, específicamente en el río Ulúa, a la altura del puente La Hamaca en Chinda, Santa Bárbara, el Cuerpo de Bomberos confirmó el rescate de otra persona sin vida. Mientras tanto, en el sur, en el balneario El Edén del Sol Naciente en Choluteca, se registró la muerte de Santos Padilla (60), también por sumersión.

A estos casos se suma el hallazgo de un cadáver masculino en el río Aruco, en la comunidad de Las Mesitas, Corquín (Copán), cuyo cuerpo presentaba avanzado estado de descomposición y permanece sin identificar.

El balance preliminar es contundente: cinco muertes por sumersión y una por accidente vial en apenas unas horas de asueto. Más allá de las cifras, el contexto deja en evidencia una problemática estructural: la débil prevención, la falta de controles efectivos en balnearios y ríos, y la persistente combinación de alcohol y recreación acuática.

Cada año, el país repite el mismo patrón durante la Semana Santa: advertencias que no se cumplen, vigilancia insuficiente y tragedias que pudieron evitarse. La pregunta que queda en el aire es si las autoridades están realmente preparadas para enfrentar estos escenarios o si, una vez más, la respuesta llega cuando ya es demasiado tarde.

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