Irán contraataca: Cae número dos del régimen y misiles llueven sobre Israel

El tablero geopolítico volvió a incendiarse. El régimen de Irán sufrió un golpe simbólico y estratégico con la caída de Ali Larijani, considerado la mano derecha del líder supremo Alí Jameneí. Pero lejos de debilitarse, la respuesta fue inmediata: misiles, amenazas y una retórica de venganza que empuja la región al borde del abismo.
Mientras miles salían a las calles de Teherán para rendir homenaje al “mártir”, la poderosa Guardia Revolucionaria de Irán encendía el discurso bélico: “su sangre es fuente de fortaleza”, proclamaron, señalando directamente a Israel y a Estados Unidos como enemigos.
Y las palabras no tardaron en convertirse en fuego real.
Las alarmas antiaéreas volvieron a sacudir ciudades clave como Tel Aviv y Jerusalén, donde el impacto de proyectiles dejó nuevas víctimas mortales. En Ramat Gan, un misil golpeó una zona civil, elevando a 14 los muertos desde el inicio de esta escalada bélica. La guerra ya no es una amenaza: es una realidad que avanza sin freno.
Como si fuera poco, Teherán aseguró haber utilizado misiles con múltiples ojivas, una señal alarmante de sofisticación militar que incrementa el potencial destructivo y complica cualquier intento de defensa.
En medio del caos, el régimen organizó un funeral multitudinario para Larijani y el comandante paramilitar Gholamreza Soleimani. Las imágenes: multitudes, banderas y rostros de líderes caídos, en una puesta en escena que intenta proyectar fortaleza… pero que también deja entrever grietas.
Larijani no era un funcionario más. Como jefe del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, era una figura clave en la estructura de poder, un verdadero “número dos” del régimen. Su muerte abre interrogantes, especialmente ante el silencio del nuevo líder, Mojtaba Jameneí, cuya ausencia pública alimenta la incertidumbre interna.
Aunque el canciller Abbas Araghchi intenta contener el daño asegurando que el sistema es “robusto”, la realidad es otra: la cúpula del poder está siendo golpeada y el mundo lo está viendo.
Del otro lado, ni Donald Trump ni Benjamin Netanyahu muestran señales de retroceso. Washington lanza mensajes ambiguos, mientras Israel presume de sus golpes estratégicos y mantiene la ofensiva con determinación.
En un mensaje que mezcla celebración y advertencia, Netanyahu lanzó una frase que ha encendido aún más los ánimos en vísperas del Nouruz: “Os observamos desde el cielo”.
Una declaración que para muchos no es felicitación, sino provocación directa.
Un conflicto sin frenos
La muerte de Larijani no solo representa la caída de un hombre clave. Es el detonante de una nueva fase: más violenta, más impredecible y con consecuencias globales.
La pregunta ya no es si el conflicto escalará… sino hasta dónde está dispuesto a llegar cada bando antes de que el costo sea irreversible.








