INTERNACIONALES

Trump se echa para atrás en el estrecho de Ormuz ¿retirada o estrategia?

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a encender la mecha global con una advertencia tan polémica como peligrosa: su país podría dejar de garantizar la seguridad del estratégico estrecho de Ormuz, uno de los puntos más sensibles del comercio energético mundial.

Desde su red Truth Social, Trump lanzó un mensaje cargado de presión y sarcasmo: si sus aliados no responden, que sean ellos quienes se encarguen de proteger la ruta marítima por donde fluye cerca del 20 % del petróleo global. En otras palabras: Washington podría retirarse y dejar el caos en manos de terceros.

El señalamiento no es menor. El estrecho de Ormuz —clave para el tránsito de hidrocarburos— se encuentra bajo tensión tras ser bloqueado parcialmente por Irán, en respuesta a la ofensiva militar impulsada por EE.UU. e Israel.

Trump no solo apuntó contra Irán. También cargó contra sus propios aliados, incluyendo a la OTAN, así como a países como Australia, Japón y Corea del Sur, por negarse a formar una coalición militar que garantice la seguridad en la zona.

El mandatario calificó esta negativa como un “error muy tonto”, dejando entrever una creciente fractura internacional en medio del conflicto.

Pero el tono subió aún más. En otro mensaje, Trump arremetió sin matices contra Teherán, al que calificó como el “Estado patrocinador del terrorismo número uno”, asegurando que ya han “diezmado” al ejército iraní.

A pesar del discurso triunfalista de Washington, la realidad en el terreno cuenta otra historia. La guerra iniciada el pasado 28 de febrero ha dejado un saldo devastador: la muerte del líder supremo Alí Jameneí, gran parte de la cúpula militar iraní, cientos de civiles —incluidos niños— y al menos 13 militares estadounidenses.

Y lejos de terminar, el conflicto sigue escalando. Irán continúa lanzando ataques contra Israel y objetivos vinculados a EE.UU. en la región, demostrando que la “victoria” proclamada está lejos de ser definitiva.

El verdadero trasfondo es económico y global. El estrecho de Ormuz no es solo un punto en el mapa: es la arteria energética del mundo. Cualquier alteración en su control impacta directamente en los precios del petróleo, el comercio internacional y la estabilidad de múltiples economías.

La amenaza de Trump de retirarse de su resguardo no solo presiona a sus aliados: pone en jaque el equilibrio energético global.

Entre amenazas, reproches y ataques cruzados, el mensaje que deja Washington es claro: Estados Unidos está dispuesto a tensar la cuerda… incluso si eso significa dejar un vacío peligroso en una de las rutas más críticas del planeta.

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