Con Johel Zelaya fuera del juego Marcio Cabañas dirigirá el MP

TEGUCIGALPA. — En una jugada que sacude el tablero institucional, el Congreso Nacional consumó con 93 votos la suspensión del Fiscal General, Johel Zelaya, y colocó al hasta ahora Fiscal Adjunto, Marcio Cabañas, al frente del Ministerio Público, en lo que ya se perfila como un episodio más de la cruda disputa política por el control de la justicia.
La decisión, tomada en una sesión marcada por la controversia, no solo activa el juicio político contra Zelaya, sino que abre un nuevo capítulo en la pugna por una de las instituciones más sensibles del Estado.
Con la aprobación de la denuncia, el Congreso no perdió tiempo: Cabañas asumió de inmediato la titularidad del ente acusador, aunque de forma interina, mientras dure el proceso contra Zelaya.
El presidente del Legislativo, Tomás Zambrano, confirmó que el ahora jefe del Ministerio Público permanecerá en el cargo durante todo el desarrollo del juicio político, dejando en claro que el relevo no es simbólico, sino operativo.
Cabañas no es un desconocido en la institución. Se trata de un fiscal de carrera, con años de trayectoria, aunque su figura no ha estado exenta de polémica: tras su nombramiento como adjunto, sus funciones fueron reducidas, cediendo protagonismo al director de fiscales, un movimiento que en su momento ya levantaba sospechas sobre reacomodos internos de poder.
Mientras tanto, el suspendido fiscal Johel Zelaya se prepara para dar batalla. Fue citado a una audiencia pública este martes a las 2:00 de la tarde en el Congreso Nacional, donde deberá responder a los señalamientos que pesan en su contra.
La comparecencia será clave no solo para su defensa, sino para medir si el proceso responde a criterios legales o si, como él mismo ha insinuado, se trata de una operación política cuidadosamente orquestada.
El cambio en la cúpula del Ministerio Público ocurre en un contexto donde la independencia de las instituciones vuelve a estar en entredicho. La rapidez del relevo, sumada al historial reciente de tensiones internas, deja la sensación de que más que una transición ordenada, Honduras presencia un reacomodo forzado en las estructuras de poder.
Con Cabañas al mando —aunque temporalmente— y Zelaya en la antesala de su defensa, el país entra en una fase donde la justicia parece caminar sobre una cuerda floja, sostenida más por acuerdos políticos que por certezas jurídicas.







