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Inversionistas de Koriun rodean Támara esperando liberación de Iván Velásquez

Tegucigalpa, Honduras. – Decenas de autobuses provenientes de Choloma trasladaron a cientos de inversionistas hasta las afueras de la Penitenciaría Nacional de Támara, donde aguardan la posible liberación del exgerente Iván Velásquez Castro.

Al menos 600 afectados se han concentrado en el lugar, mientras otros continúan llegando en vehículos particulares, impulsados por la esperanza de que el empresario, acusado en uno de los mayores escándalos financieros recientes, recupere su libertad y cumpla la promesa de devolver el dinero invertido.

La expectativa surge luego de que se confirmara el pago de una caución de 25 millones de lempiras, presentada por la defensa de Velásquez junto con el arraigo correspondiente, lo que abriría la puerta a su salida del centro penal. Sin embargo, el proceso no está cerrado y podría dar un giro inesperado.

Horas después de la resolución judicial, la Presidencia del Poder Judicial ordenó una investigación inmediata sobre el cambio de medidas cautelares, reflejando el nivel de controversia y desconfianza que rodea el caso. La revisión también incluye otros procesos de alto impacto, lo que amplía las dudas sobre el actuar del sistema judicial.

En paralelo, el Ministerio Público (MP) manifestó su rechazo frontal a la decisión. Su portavoz, Yuri Mora, advirtió que se evaluará la actuación del juez y no descartó acciones legales contra funcionarios del sector justicia, lo que podría revertir la medida y mantener a Velásquez en prisión preventiva.

Este escenario ha generado una mezcla de esperanza y desconcierto entre los inversionistas, muchos de los cuales han depositado su confianza en la palabra del exgerente, pese a las acusaciones en su contra. La escena en Támara evidencia no solo la magnitud del caso, sino también el nivel de desesperación económica de quienes buscan recuperar sus ahorros.

El caso Koriun, que ha dejado a miles de familias afectadas, continúa bajo el escrutinio público y judicial, en medio de decisiones contradictorias y un proceso que, lejos de resolverse, parece profundizar las dudas sobre la capacidad del sistema para garantizar justicia y reparación.

Mientras tanto, en las afueras del penal, la espera se convierte en símbolo de un país donde la línea entre la esperanza y la incertidumbre sigue siendo cada vez más delgada.

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