DEPORTE

Que el calor, que la altitud, que el jet lag: Estas estrellas del deporte andan muy delicaditas

MADRID, ESPAÑA. –  El Mundial de Fútbol 2026, que comenzará este jueves en Estados Unidos, México y Canadá, representará un enorme desafío para los jugadores debido a las altas temperaturas, la altitud de algunas sedes, los extensos desplazamientos entre ciudades y el aumento en el número de partidos, factores que podrían influir directamente en el rendimiento físico y mental de las selecciones que buscan conquistar la Copa del Mundo.

La próxima edición del torneo será histórica al reunir por primera vez a 48 selecciones nacionales, ocho más que en los mundiales anteriores, lo que incrementará la cantidad de encuentros hasta alcanzar los 104 partidos distribuidos en 16 estadios y a lo largo de 39 días de competencia.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ya advirtió que el calor extremo será uno de los principales protagonistas del campeonato. Un estudio encargado por la Federación Internacional de Asociaciones de Futbolistas (FIFPRO) estima que al menos 26 partidos se disputarán bajo condiciones climáticas que representan riesgos para la salud de los jugadores, incluyendo la final, dos encuentros de cuartos de final y el partido por el tercer lugar.

Ante este panorama, la FIFA implementará dos pausas obligatorias de hidratación de tres minutos en cada encuentro, una medida diseñada para reducir los efectos de las elevadas temperaturas.

El médico de la Sociedad Española de Medicina del Deporte (Femede), Jesús Viosca, calificó el torneo como un verdadero «desafío para la fisiología humana», al señalar que más del 80 % de las sedes podrían superar los 35 grados centígrados, combinando además factores como humedad, radiación solar y vientos que aumentan la sensación térmica.

A las exigencias climáticas se suma un problema menos visible, pero igualmente importante: el jet lag.

El especialista explicó que los constantes cambios de horario provocan alteraciones en el reloj biológico del organismo, afectando procesos relacionados con el descanso, la recuperación muscular, la alimentación y el rendimiento deportivo.

La magnitud geográfica del torneo agrava esta situación. Las sedes mundialistas abarcan aproximadamente 4,300 kilómetros de este a oeste y cerca de 4,000 kilómetros de norte a sur, con trayectos que en algunos casos podrían extenderse hasta siete horas de viaje.

Según Viosca, esta acumulación de desplazamientos generará una fatiga adicional para muchos equipos, independientemente del número de husos horarios que deban cruzar.

Otro factor que podría marcar diferencias será la altitud.

El experto destacó que competir en ciudades como Ciudad de México, ubicada a más de 2,200 metros sobre el nivel del mar, no representa las mismas exigencias que hacerlo en sedes cercanas al nivel del mar.

Diversos estudios sugieren que los equipos acostumbrados a jugar en altura podrían contar con ventajas competitivas, ya que el rendimiento físico y la capacidad de recuperación suelen verse afectados en quienes no están adaptados a esas condiciones.

Además, se estima que por cada mil metros de altitud por encima de los 1,500 metros, el consumo de oxígeno disminuye aproximadamente un 8 %, situación que también repercute en la capacidad cognitiva y en la toma de decisiones dentro del terreno de juego.

La ampliación del torneo también supone una mayor carga física para futbolistas que llegan al Mundial tras extensas temporadas en ligas nacionales y competiciones internacionales.

Las lesiones musculares continúan siendo una de las principales preocupaciones del fútbol moderno, especialmente debido al intenso calendario que enfrentan los jugadores de élite.

Por ello, las selecciones trabajan con equipos multidisciplinarios integrados por médicos, preparadores físicos, nutricionistas y especialistas en recuperación deportiva para minimizar los efectos del cansancio acumulado.

Entre las estrategias utilizadas para combatir las exigencias del torneo destacan sesiones de aclimatación al calor mediante saunas y baños calientes, el uso de chalecos de enfriamiento antes de los partidos, programas específicos de hidratación y nutrición, así como entrenamientos adaptados a la altitud.

También se emplean técnicas para reducir los efectos del jet lag, incluyendo ajustes en los horarios de alimentación, exposición controlada a la luz natural y el uso supervisado de suplementos como la melatonina.

Para los especialistas, la capacidad de adaptación será un factor determinante en la carrera hacia el título.

«Los equipos que mejor gestionen la recuperación física y mental tendrán mayores posibilidades de éxito», concluyó Viosca.

Con un formato ampliado, condiciones climáticas exigentes y recorridos sin precedentes, el Mundial 2026 promete ser una prueba no solo de talento futbolístico, sino también de resistencia física y capacidad de adaptación.

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