Chequesol avanza sin cárcel: Procesan a 12 implicados pero todos seguirán en libertad

Tegucigalpa, Francisco Morazán. Tras días de expectativa, el caso de presunta corrupción “Chequesol” dio un giro que deja más preguntas que certezas: el juez natural dictó auto de formal procesamiento contra los 12 implicados, incluida la diputada Isis Carolina Cuéllar, pero ninguno irá a prisión preventiva.
La resolución confirma que los acusados —entre ellos el exministro de Sedesol, José Carlos Cardona Erazo— deberán enfrentar el proceso bajo medidas cautelares, lo que en la práctica les permite continuar en libertad mientras avanza uno de los casos más sensibles para el discurso anticorrupción del país.
Las medidas, basadas en el artículo 173 del Código Procesal Penal, incluyen prohibición de salir del país, restricción de acercarse a instituciones relacionadas con el caso y la obligación de firmar mensualmente en la Corte Suprema de Justicia. En el caso de Cuéllar, su cuñada y exasistente, deberán hacerlo en Copán.
Aunque la diputada queda suspendida de su cargo, el mensaje que deja la resolución es claro: un caso con 12 procesados por presuntos actos de corrupción no ha derivado en prisión para ninguno de los implicados, al menos en esta etapa.
La lista completa de acusados incluye a funcionarios y particulares que, según las investigaciones, estarían vinculados al manejo irregular de fondos públicos. Sin embargo, la decisión judicial abre un debate inevitable sobre la proporcionalidad de las medidas frente a la gravedad de las acusaciones.
El proceso ahora entra en una nueva fase, con la designación de una Corte de Apelaciones integrada por tres magistrados de la CSJ, quienes conocerán los recursos que presenten las partes. Este punto será clave para definir si el caso se fortalece o comienza a diluirse en el camino judicial.
El expediente “Chequesol” ha tenido un fuerte impacto político y social, especialmente por las implicaciones que salpican a figuras del oficialismo. Pero con los acusados en libertad, la percepción pública vuelve a girar en torno a una constante: la justicia avanza, sí, pero a un ritmo que rara vez incomoda a los poderosos.







