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Gobierno defiende alza de combustibles mientras crece presión sobre la economía

TEGUCIGALPA.— En medio del creciente malestar ciudadano por el aumento en los precios de los combustibles, la designada presidencial María Antonieta Mejía salió al paso de las críticas y defendió la gestión del Gobierno, asegurando que la crisis responde a factores internacionales y no a decisiones internas.

A través de su cuenta en la red social X (antes Twitter), la funcionaria reconoció que el impacto ya se siente en el bolsillo de las familias hondureñas, pero subrayó que el país, al ser importador de petróleo, está sujeto al comportamiento de los mercados globales, los costos de importación y la variación del precio internacional del crudo.

“No lo ignoramos”, expresó Mejía, al tiempo que insistió en que, aunque el Gobierno no controla los precios externos, sí tiene margen de acción en la forma de responder a la crisis energética.

Entre las medidas destacadas, la designada mencionó la vigilancia en la cadena de comercialización para evitar abusos y especulación, así como la implementación de acciones orientadas a reducir el impacto en el transporte y los productos básicos. Además, aseguró que el Ejecutivo está absorbiendo el 50 % del incremento, una medida que, según afirmó, busca proteger directamente a la población.

Otro de los puntos señalados fue la promoción de modalidades virtuales en el sistema educativo y el teletrabajo en instituciones estatales, con el objetivo de disminuir la movilidad y, por ende, el consumo de combustible.

No obstante, el mensaje también tuvo un tono político. “Este no es un problema que se resuelve con consignas. Mientras algunos simplifican, nosotros actuamos”, sostuvo Mejía, en lo que se interpreta como una respuesta a sectores críticos que cuestionan la efectividad de las medidas adoptadas.

Pese a los anuncios, persisten dudas sobre el alcance real de las acciones gubernamentales. Analistas señalan que, aunque el subsidio parcial puede aliviar temporalmente la carga, no resuelve las distorsiones estructurales del mercado energético ni la alta dependencia del país de los combustibles fósiles.

Asimismo, el impulso de la virtualidad, si bien reduce costos inmediatos, evidencia una respuesta reactiva más que preventiva, que traslada parte del problema a sectores como la educación y el empleo público, sin abordar de fondo la vulnerabilidad económica de amplias capas de la población.

El debate sigue abierto: mientras el Gobierno defiende su estrategia como una forma de amortiguar el impacto, miles de hondureños continúan enfrentando el desafío diario de ajustar sus gastos en un contexto de inflación y encarecimiento del costo de vida.

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